domingo, 26 de marzo de 2017

El discurso del acto del 24 de marzo: Reivindicando la contradicción

 El pasado 24 de marzo las organizaciones kirchneristas hicieron su acto en conmemoración por el 41° aniversario del golpe de Estado de 1976. Como era de esperarse lo que debería convertirse en una reivindicación de valores democráticos se volvió en un pretexto para criticar duramente al actual Gobierno y hacer, irónicamente, apología del golpismo. Ironías de la política.

 En una parte del discurso leído se menciona una defensa y reivindicación explícita de la violencia armada:

"En esta Plaza, recordamos las luchas en los ingenios azucareros, las Ligas Agrarias, el Cordobazo, el Rosariazo y las comisiones internas en las fábricas, el movimiento sindical, estudiantil y popular, la militancia en las organizaciones del Peronismo Revolucionario: UES, Montoneros, FAP, Sacerdotes por el Tercer Mundo y FAL; la tradición guevarista del PRT, Ejército Revolucionario del Pueblo; y las tradiciones socialistas y comunistas, Partido Comunista, Vanguardia Comunista, PCR y PST; y tantos espacios en los que miles de compañeros y compañeros lucharon por una Patria justa, libre y solidaria."

 Increíble. Ahora resulta que los grupos terroristas que mataron, secuestraron, torturaron, robaron, pusieron bombas y tomaron cuarteles bajo gobiernos democráticos y matando civiles inocentes son algo a "recordar". Sería bueno saber porque condenar a la dictadura implicaría defender el otro bando. Porque en una fecha en donde debemos recordar el triunfo de la democracia se recuerda a quienes no creían en la misma y por eso la combatían. En una fecha donde se condena la violencia estatal se recuerda y se defiende la violencia subversiva.

 Dejando de lado los errores (las FAL no eran peronistas, más  bien pertenecían a una tradición marxista multipartidaria) y omisiones (no mencionan a Política Obrera, el antecedente del actual Partido Obrero, ni a la militancia radical presente en la Junta Coordinadora o la Franja Morada, tampoco mencionan a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) es interesante observar quienes son los reivindicados, además de las ya mencionadas organizaciones terroristas.

 ¿Qué pueden reivindicar del Partido Comunista? Es sabido por todos que no fue disuelto por la dictadura, sino que por el contrario simplemente se suspendieron sus actividades. Dirigentes del PC tuvieron reuniones con funcionarios de la dictadura y los militantes comunistas consideraban a Viola y Videla como parte de un eje más democrático y pro-soviético, por eso no dudaron en considerarla una dictablanda. Eso a pesar de la enorme cantidad de miembros del PC y la Fede desaparecidos.

 ¿Qué pueden reivindicar de un partido completamente minoritario y desconocido como Vanguardia Comunista? Por aquellos años el partido defendía únicamente al régimen estalinista de Enver Hoxha en Albania, un dictador sanguinario que estuvo más de 40 años al frente de su país, y que tenía tanto recelo por preservar al verdadero marxismo-leninismo que cerró su país completamente al mundo, haciendo que Albania sea hasta hoy unos de los países más pobres y corruptos de Europa.

 ¿Qué pueden reivindicar del PCR? Parece que se olvidaron de su defensa activa del gobierno de Isabel Perón y López Rega y su enfrentamiento con el resto de la izquierda, a los que consideraban como agentes golpistas pro-soviéticos. Años más tarde en democracia el PCR apoyaría las revueltas carapintadas.

 ¿Qué pueden reivindicar del PST? El partido de Nahuel Moreno (que en medio del Proceso cambiaría su nombre a MAS), quien vio con buenos ojos la llegada de Videla al poder y consideraba que al tratarse de simplemente un golpe militar llevado a cabo por "demócratas" su partido no correría peligro. Consideraba a Videla como "el dictador más democrático de América Latina", al mismo tiempo que sus partido era disuelto, sus actividades prohibidas y sus militantes perseguidos. En tanto Moreno vivía exiliado.


 De esta forma el discurso dice más que lo que está escrito. No solo reivindicaron y defendieron la violencia terrorista contra la democracia y los ideales totalitarios. Defendieron también la traición de los líderes a sus seguidores, la falta de ideales, los negociados políticos, la admiración por las dictaduras. Eso es lo que desde ese estrado dijeron quienes se consideraban a sí mismos "defensores de los Derechos Humanos". En el día para recordar a la democracia se recuerda a quienes atentaban contra ella, en el día para recordar la libertad se recuerda a quienes adoraban dictaduras, en el día para recordar el triunfo de la Constitución y las leyes se recuerda a la violencia. Y lo que es peor: Se reivindica a quienes no tuvieron problemas en negar sus ideales para salvarse ellos mismos.

 ¿A alguien le sorprende?

viernes, 17 de marzo de 2017

La izquierda cooptada por el populismo

 Hace más de 130 años llegaban al país los primeros inmigrantes de las grandes corrientes que terminaron moldeando la identidad argentina. En su mayoría españoles e italianos, pero también hubo lugar para británicos, franceses, rusos, polacos, árabes, turcos, armenios y gente de todos lados. Ellos trajeron sus valores, su cultura, su trabajo y a sus descendientes que terminaron reinventando a la Argentina.

 Pero también llegaron ideologías. El socialismo y el anarquismo vinieron de los barcos (en muchos casos escapando de la persecución ideológica) y se diseminaron entre los obreros. Y fue así como en pocos años los trabajadores empezaron a hacer huelgas y a reclamar por sus derechos. Las respuestas por parte del Estado iban desde la persecución y la represión a las concesiones que derivaron en las primeras leyes laborales de nuestra historia.

 Más allá de las diferencias, lo que caracterizó a estos primeros grupos anarquistas y socialistas fue su iniciativa. Fundaron imprentas, bibliotecas, clubes (El Porvenir, Colegiales y Argentinos Juniors los anarquistas, Chacarita los socialistas) y además se encargaron de dar trabajo y beneficiar a los de su clase. Así surgieron los gremios de trabajadores anarquistas (como la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos) y las cooperativas socialistas (como el Hogar Obrero).

 Hoy en día la situación es diferente. Mientras que en esa época los socialistas y anarquistas hacían defensa de la autogestión y no pedían al Estado más que leyes que los beneficiara, actualmente los partidos de izquierda no piden nada de eso. Piden que el Estado les de plata. Ya no hay autogestión, no hay cooperativas, no hay solidaridad clasista. Se trata de pedirle a los funcionarios que les den limosnas.

 Así se arruinan las luchas. No buscan trabajo, no crean trabajo. Piden que les regalen dinero. Claro que nada es gratis, y así empieza el largo proceso que lleva a la creación de la gente como Milagro Sala o D'Elia. Y finalmente la izquierda que se dice combativa y dice defender al trabajador termina llevándolo a la esclavitud del Estado burgués.

 Y como si fuera poco con estos pedidos perjudican a los de su clase. No solo por los problemas que generan los cortes o las protestas, también lo hace al exigir más gasto público. Eso implica más impuestos. Y eso implica menos plata para que el trabajador la gaste y ahorre.

 Los partidos de izquierda y las organizaciones sociales que dicen querer defender a los desocupados y los trabajadores los perjudican al pedirle dinero al Estado. Necesitan volver a las raíces. Quizás les baste con aprenderse la letra de La Internacional.

lunes, 13 de marzo de 2017

Olavarría: Cambiar para que nada cambie

 Hace casi un año cuando ocurrió la tragedia de Time Warp en Costa Salguero yo escribía un artículo tratando de ser lo más ecuánime posible en la búsqueda de responsables. Decía que era una estupidez señalar a alguien como el culpable cuando había una gran cadena de culpabilidades. Hoy, un día después de tragedia de Olavarría durante el recital del Indio, sostengo lo mismo.

 ¿Tiene responsabilidad el Estado municipal? Seguramente que si. Una irresponsabilidad total que una ciudad chica y distante organice un recital al que se tiene planificado que asista el doble o triple de gente de habitantes que tiene. Y una irresponsabilidad delegar todo en la propia organización del evento.

 ¿Tienen responsabilidades los organizadores? Por supuesto. La contra-cultura del Indio Solari convirtió lo que deberían ser recitales en auténticos rituales religiosos (el nombre "misa" no es en vano). La idea es la misma: Ir a dar el show a zonas alejadas y que haya descontrol total, ya sea por la cantidad de gente que va, con o sin entrada, el abuso de alcohol y drogas, la organización precaria de los recitales en cuanto a seguridad o contención. Y acá nadie puede hacerse el desentendido, ni los empresarios ni el propio Solari que siempre hizo un culto de esa forma tan desordenada y salvaje de dar shows y arengar a su público, además de convertir a sus conciertos en procesiones religiosas de centenares de miles de personas descontroladas.

 Y obviamente la culpa también recae en esta cultura del desorden, el exceso, la resistencia a la autoridad y la destrucción como parte de la diversión. Cada persona que fue al recital, sobre todo aquellos que fueron con sus hijos chiquitos, sabían lo que hicieron, y no hay "misa" que lo justifique. No es la primera vez que pasa, en cada recital del Indio ocurren cosas como estas. Esta vez pareciera ser que se tocó fondo.

 Entonces ¿cómo seguirá esto? Probablemente todo quede en la nada, admito ser pesimista en este sentido. A lo mejor hay algunos detenidos, algunos presos, algún que otro juicio político o una despedida de los escenarios. Me permito en este panorama preservar un poco de optimismo.

 Pero si algo enseñó Cromañón, Time Warp y la violencia en el fútbol es que por más que caigan algunos culpables los aspectos "culturales" son los más difíciles de erradicar. Hoy hay muertos o incidentes, después viene un tiempo de duelo y más adelante vuelven los mismos muertos y los mismos incidentes, y los cambios de raíz que eran necesarios nunca llegan. Y aquí no tengo contemplación: Soy completamente pesimista.

lunes, 6 de marzo de 2017

El nocivo 14 bis

Artículo 14 bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. 
Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo. 
El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.

 En la Asamblea Constituyente de 1957 se decidió incorporar este artículo a la Constitución Nacional, de manera de no eliminar completamente las "conquistas sociales" del peronismo luego de la derogación de la Constitución peronista de 1949. El artículo es finalmente consagrado en la reforma de 1994.

 Este bis pretende reconocer derechos sociales y laborales en consonancia con los tratados internacionales que Argentina firmó. Pero como se verá más adelante el espíritu entre este artículo y los de esos tratados es abismalmente distinto. En el caso del 14 bis hay groseras violaciones a los derechos constitucionales más elementales.

 Antes de pasar a ellos conviene recordar los artículos de los tratados: Artículos 22, 23 y 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 22 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, arts. 8 y 9 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y art. 16 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica).


Los trabajadores en las empresas

 El 14 bis asegura el derecho a la participación en las ganancias de las empresas, en el control de la producción y colaboración en la dirección. Tal principio es novedoso y no aparece en los tratados. Ni siquiera aparece en la Constitución de 1949.
 Este sencillo enunciado va en contra de la propiedad privada, ya que obliga al empresario a compartir su empresa (su propiedad) con sus empleados.


La protección contra los despidos

 Este artículo protege a los empleados de dos maneras distintas. A los empleados privados les asegura "protección contra del despido arbitrario". A los públicas, "estabilidad".
 En el primer caso se obliga a los patrones a disponer de mecanismos para preservar a sus empleados. No se consagra la indemnización ni el seguro de desempleo (cosa que aparece en la Declaración Universal de los Derechos Humanos), sino que se impide a los empresarios a manejar el personal de sus empresas.
 En el segundo la imposición es aún mayor. Obliga al Estado a mantener su planta de trabajadores. Y al hablar de empleados públicos sin hacer más aclaraciones se termina atacando el federalismo, la autonomía municipal y la independencia de los organismo autárquicos, porque todos ellos junto con el Estado Nacional deben "preservar" a sus trabajadores.
 Por cierto una diferenciación de este tipo termina generando algo que los gobiernos deben evitar: El aumento de empleo público en desmedro del privado.


Poderes gremiales

 En primer lugar ¿por qué se usa el término gremio y no el más apropiado sindicato, que aparece en los tratados internacionales? Si bien todo sindicato es un gremio no todo gremio es un sindicato. Y es un término que incluso suena anacrónico.
 La mención de convenios colectivos consagra constitucionalmente el corporativismo. Ignora que puedan existir acuerdos laborales a pequeña escala por fábrica o por empresa, y no por sector.
 La estabilidad de los representantes gremiales representa un problema. Si bien la intención es evitar la persecución política, lo cierto es que gracias a esto se da lugar a todo tipo de abusos por parte de los delegados sindicales para cometer cualquier tipo de irregularidades sabiendo que sus puestos no corren peligro. Nuevamente aquí el Estado se inmiscuye en la libertad de los empleadores para manejar sus empresas.


El derecho de huelga

 El 14 bis consagra el derecho a la huelga, es cierto. Pero lo hace como atribución exclusiva para los sindicatos. Esto va a contramano del derecho internacional consagrado en el art. 8 del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales que si bien incluye a la huelga en el artículo dedicado a los sindicatos no dice expresamente en ningún lado que sea solo para estos últimos.
 De esta manera se prohíbe constitucionalmente el lock out patronal, se limita el derecho a protestar a los trabajadores no sindicalizados (por ejemplo, los que se dedican a actividades relativamente nuevas) y, comparando el segundo párrafo con el primero, se prohíbe la huelga a los sindicatos que no tienen personería jurídica.


La seguridad social

 El tercer párrafo habla de la seguridad social y es muy claro: Se lo delega exclusivamente al Estado. De esta forma no permite la seguridad social privada. En muchos lugares del mundo existen cajas privadas para ahorrar para jubilaciones o hay bancos que ofrecen seguros de desempleo. Según el 14 bis estas atribuciones serían ilegales.
 Por otro lado y relacionado con esto último, los fondos de seguridad social deben ser administrados por los interesados con la obligatoria participación estatal. Nuevamente el Estado se adueña de bienes ajenos.
 Los tratados internacionales dicen cosas diferentes. Compromete a los Estados a asegurar que exista seguridad social, pero no los obliga a otorgarlos de forma monopólica.


¿Es necesario quitarlo?

 En mi opinión si. No hay dudas que un artículo como este no sirve para nada, ni desde lo teórico ni desde lo práctico.
 En virtud de los tratados internacionales antes nombrados los derechos sociales y la seguridad social más elementales están constitucionalmente protegidos. No hay, entonces, motivo para que el 14 bis permanezca.